El inesperado legado del piloto-cosmógrafo que viajó en la primera vuelta al mundo


 

A veces la vida depara sorpresas que, si en otros tiempos solían ser malas con frecuencia, en raras ocasiones podían no resultar tan negativas. En una época en la que no había lotería, recibir una fortuna inesperada debía ser una especie de señal de la providencia para el beneficiario, pero también un atractivo y emocionante episodio para un observador actual. Es lo que pasó con la herencia entregada a Cristóbal de San Martín en nombre de su hermano Andrés ¿Que quién fue ese hermano? Nada menos que uno de aquellos doscientos treinta y nueve arrojados marinos que, como buenos representantes de la pujanza española del siglo XVI, se lanzaron a través de los océanos para buscar una nueva ruta a la Especiería y terminó dando la vuelta al mundo.

Mapa francés de las islas Malvinas basado en otro anterior que se atribuye a Andrés de San Martín (Wikimedia Commons)
 

Andrés de San Martín era un excelente cosmógrafo del que se ignora el año de nacimiento y hasta hace poco el sitio en que vino al mundo, llegándose incluso a creer que era extranjero -portugués para unos, francés para otros-, aunque ahora parece confirmado que tuvo su cuna en Sevilla, tal como había dicho ya Antonio Pigafetta (el cronista de la expedición de Magallanes, que fue uno de los dieciocho que volvieron), quien le definió como "latinista experto en materias concernientes al mar y a la geografía". Como natural de esa dinámica ciudad, tan relacionada con la historia de los descubrimientos, Andrés parecía predestinado a su profesión: piloto, el encargado de trazar los rumbos.

La Casa de Contratación, institución creada por Castilla en 1503 para gestionar la navegación transatlántica, emitió en 1510 unas ordenanzas regulatorias que estipulaban las características de ese oficio, incluyendo la figura del piloto mayor, entre cuyas atribuciones estaba examinar a los aspirantes a piloto. Inicialmente, los pilotos asumían también las tareas cartográficas, hasta que en 1519 se creó la figura del cosmógrafo, que tenía conocimientos de cartografía, astronomía e incluso astrología (por entonces considerada una ciencia).

 

Sevilla en el siglo XVI, por Alonso Sánchez Coello (Wikimedia Commons)

El sevillano Andrés de San Martín estaba, al parecer, especialmente dotado para esa carrera y en 1512, tras obtener su título de piloto real, con sueldo de veinte maraveíes, estuvo a punto de ser nombrado piloto mayor de Castilla como sucesor de Américo Vespucio, del que había ejercido de apoderado en 1508 aunque al final la Corona eligió al lebrijano Juan Díaz de Solís. Cuando éste murió a manos de los charrúas en 1518, durante su expedición al Río de la Plata, San Martín volvió optar al puesto… y de nuevo perdió, esa vez ante Sebastián Caboto, un cartógrafo y explorador veneciano que había entrado al servicio de España tras un período trabajando para Inglaterra y logró el puesto recomendado por el obispo Fonseca.

Entremedias, San Martín había formado parte de la expedición que Pedrarias de Ávila dirigió en 1514 a Castilla del Oro, una provincia segregada ese año de Veragua, en lo que se llamaba Reino de Tierra Firme, que coincidía con la actual parte meridional de Centroamérica). En 1519, viendo frustrado su sueño de ser piloto mayor, se enroló en la llamada Armada del Maluco, organizada por el portugués asentado en España Fernando de Magallanes. El objetivo era llegar a las Molucas, islas especieras, bordeando el extremo de Sudamérica como alternativa a la ruta africana, monopolio de Portugal. 

Ruta de la expedición Magallanes-Elcano, que dio la primera vuelta al mundo (Armando Martín en Wikimedia Commons)
 

San Martín sustituyó al hasta entonces ayudante de Magallanes, el también portugués Rui Faleiro, siendo destinado como piloto y cosmógrafo a la nao San Antonio, aunque a la altura de Brasil pasó a la Victoria. En ese cargo llevó un diario de navegación en el que anotó notables cálculos que le confirmaban como uno de los mejores cosmógrafos del momento, estableciendo con asombrosa precisión la longitud de Puerto San Julián (Patagonia) y Homonhon (una isla flipina), con mínimos errores de uno y dos grados respectivamente, y refrendando la teoría de Faleiro de que la declinación magnética no coincide con los meridianos (aunque al mismo tiempo tuvo que corregir la tabla astronómica del luso, que contenía fallos). 

No se sabe exactamente qué fue de él en aquel viaje que supondría la primera vuelta al mundo, salvo que no regresó. La tradición le sitúa muriendo en Mactán junto a Magallanes el 1 de mayo de 1521, pero no hay pruebas reales de ello. También es posible que fuera uno de los que cayeron en Cebú con Duarte Barbosa, el sucesor en el mando, asesinado junto a una treintena de sus hombres durante un banquete, o que lo fuera en otro sitio esa infausta jornada. O puede que simplemente acabara con su vida una enfermedad tropical, como pasó con tantos otros. Lo único que consta es lo que dijo el capitán Gonzalo Gómez de Espinosa en un testimonio recogido en 1535: "Andrés de San Martín salió en tierra en la dicha ysla a lavar su ropa, e nunca paresçió más, e que otro día, a obra de las diez del día, los propios de la tierra mataron a trenta e çinco cristianos".

La muerte de Magallanes en Mactán
 

En cualquier caso, sus papeles, cartas náuticas, apuntes y demás enseres personales los recogió su compañero Ginés de Mafra, marinero de la nao Trinidad que fue hecho prisionero por los portugueses, junto a los otros cuatro tripulantes que quedaban a bordo; al mando del citado Gómez de Espinosa, regresaron a las Molucas por carecer de víveres, tras juzgar imposible una singladura de vuelta atravesando el océano Pacífico. Por esa razón los documentos se mandaron a Lisboa y fueron aprovechados por los navegantes lusos, hasta que en 1580, con la proclamación de Felipe II como rey de Portugal y la unión de los dos reinos, se trasladaron a Madrid… y terminaron perdiéndose; si conocemos una parte se debe a citas y referencias en crónicas, tanto castellanas como portuguesas. 

Sin embargo, el episodio más fascinante de todo esto fue la herencia que recibió Cristóbal de San Martín, hermano de Andrés y su beneficiario legal porque, aunque el cosmógrafo había tenido dos hijas, Juana y María, nacieron fruto de la convivencia con Juana Hernández sin matrimonio de por medio, algo que en principio las excluía de la herencia legítima; por eso la madre tuvo que pleitear en 1523 exigiendo cobrar el sueldo de su pareja (treinta mil maravedíes). Al final, en 1530, Carlos V intervino ordenando a la Casa de Contratación que se pagasen a la primogénita doce mil maravedíes para su futura boda, que su tío Cristóbal habría de guardar hasta entonces. El documento, una real cédula, se conserva en el Archivo General de Indias: "Vos está mandado que de cualesquier maravedís que haya en esa Casa, o de los primeros que a ella vinieren, despositéis doce mil maravedís, que hicimos merced a Juana de San Martín, hija de Andrés de San Martín, piloto, que fue con Hernando de Magallanes al descubrimiento de la Especiería, para ayuda a su casamiento, por lo que sirvió el dicho su padre en el dicho viaje".

 

Clavo (abuyotam en Pixabay)

Así que Cristóbal recibió el importe de la venta del contenido de una caja que llegó a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 a bordo de la otra nao superviviente, la Victoria, que capitaneaba Elcano. Este marino guipuzcoano había seguido para retornar un itinerario distinto al de la Trinidad (se separaraon con el fin de tener más posibilidades de eludir a los portugueses), consiguiendo atravesar el Índico, doblar el cabo de buena Esperanza y subir por el Atlántico hasta completar la ruta de ochenta mil kilómetros que, además de una renta de quinientos escudos, le haría ganarse el lema otorgado por Carlos V: Primus circundedisti me. 

En la bodega de la Victoria había un cargamento de quinientos quintales de clavo más otras especias e incluso madera de sándalo, cuyo valor total en el mercado ascendió a nueve millones de maravedíes; una vez separado el quinto real (del que el emperador cedió la cuarta parte a los marineros) y pagados los gastos de la expedición, dejó un beneficio de 346.220. En cuanto a la caja citada, también estaba llena de clavo y, dado que en ella figuraba el nombre de Andrés de San Martín como propietario, a su hermano correspondían los beneficios. Éstos ascendieron a una verdadera fortuna para la época: 88.587 maravedíes, que al cambio actual rondarían los 100.000 euros. 

 

BIBLIOGRAFÍA:

-PIGAFETTA, Antonio: Relación del primer viaje alrededor del mundo.

-BROWLEE, Walter: La primera vuelta al mundo.

-GONZÁLEZ-OCHOA, José María: Breve historia de los conquistadores.

-HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario: Magallanes y Elcano. El océano sin fin (En busca de nuevos espacios y océanos).

-PIGAFETTA, Antonio: Relación del primer viaje alrededor del mundo.

-MENA GARCÍA, Carmen: Pilotos reales en la Armada de Castilla del Oro (1514).

-OBREGÓN, Mauricio: De los argonautas a los astronautas. Historia de los descubrimientos.

-REMESAL, Agustín: Un banquete para los dioses.

-RAE (Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia).

RUTAELCANO

 

Imagen de cabecera:  documento sobre el contenido y valor de la caja de Andrés de San Martín (Primera Vuelta al Mundo)

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