La extraordinaria expedición de Pedrarias de Ávila a Castilla del Oro




El 11 de abril de 1514 zarpó de Sanlúcar de Barrameda el viaje más extraordinario de todos los realizados entre Castilla y América desde que Cristóbal Colón hiciera el del histórico descubrimiento de 1492. Digo que fue extraordinario no por importancia o tamaño sino por otras tres poderosas razones. En primer lugar, al mando estaba un hombre que rayaba en la ancianidad, cosa excepcional hasta entonces porque si bien Colón y Ovando ya tenían cierta edad cuando protagonizaron sus respectivas aventuras transatlánticas, Pedrarias de Ávila, el sujeto en cuestión, les superaba ampliamente con sus setenta y cuatro años años. En segundo lugar, era la primera expedición a las Indias que financiaba directamente la Corona desde aquella primigenia colombina, lo que constituye un indicativo del interés que los reyes pusieron en ella. Y la tercera, que en la lista de personajes enrolados figuran la mayoría de quienes en poco tiempo se convertirían en conquistadores del Nuevo Mundo; "la más lúcida gente de España que ha salido", en palabras de Pascual de Andagoya.

Así, al propio Pascual de Andagoya, que fue el primero en intentar -infructuosamente- conquistar el Perú, hay que sumar a Pedro de Alvarado, mano derecha de Hernán Cortés en México y conquistador de Guatemala; Bernal Díaz del Castillo, otro que combatió junto a Cortés y fue autor de Historia verdadera de la conquista de Nueva España; Sebastián de Benalcázar, conquistador de Quito; Hernando de Luque, el clérigo que se asoció a Pizarro y Almagro para financiar su expedición; el mismo Diego de Almagro; Bernardino Vázquez de Tapia, que también acompañó a Cortés; Francisco de Montejo, conquistador del Yucatán; Hernando de Soto, uno de los capitanes de Pizarro y explorador de la Florida;  Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista e historiador que estaba apadrinado por el obispo Rodríguez de Fonseca (el encargado de las cuestiones americanas antes de la fundación del Consejo de Indias); y Martín Fernández de Enciso, prestigioso geógrafo que iba con el cargo de alguacil mayor.

 
1-Pedro de Alvarado retratado por Tomás Povedano (Wikimedia Commons) / 2-Bernal Díaz del Castillo imaginado por Genaro García basándose en Enrique IV de Francia (Wikimedia Commons) / 3-Francisco de Montejo (UNAM)


Hubo otros nombres ilustres, aunque menos famosos, caso de Giovanni Vespucci, sobrino de Américo y piloto de la nao capitana; el botánico italiano Francesco Coto;  Rodrigo Yáñez, hijo de Vicente Yáñez Pinzón, al que sustituyó como piloto de otro de los barcos cuando éste tuvo que renunciar por estar enfermo; Alonso García Brabo, que diseñaría la planificación de la nueva Ciudad de México; Diego Márquez, que fue veedor en el segundo viaje de Colón y ahora iba como contable junto a Juan de Tavira, protegido de la reina de Portugal; Alonso de la Puente, tesorero y ex-secretario del infante Fernando; Diego de Tovilla, que sería el cronista oficial de Pedrarias; y la mismísima esposa del propio Pedrarias, Isabel de Bobadilla, que se negó a esperar a su marido en España y prefirió acompañarlo junto a dos de sus hijos con firmes palabras recogidas -y obviamente poetizadas- por Pedro Mártir de Anglería: "Adonde quiera que te lleve la suerte, ya entre las furiosas ondas del océano, ya en horribles peligros de tierra, sábete que te he de acompañar yo (...) Escoge una de las dos cosas: o me cortas el cuello con la espada, o consientes en lo que te pido".

En realidad se podrían reseñar más, puesto que el número de expedicionarios, entre mil trescientos y tres millares aproximadamente, incluía a muchos caballeros castellanos, "todos ellos escogidos entre hidalgos y personas distinguidas", buena parte de los cuales eran veteranos de las guerras de Italia que habían servido a las órdenes del Gran Capitán. De hecho, el viaje era gratuito, los pasajeros gozaban de inmunidad judicial  y podrían adquirir provisiones a un precio asequible, pues se llevaban suficientes para dieciséis meses. A cambio, debían comprometerse a permanecer en las Indias un mínimo de cuatro años, cosa fácil porque en ninguno pensaba a priori en volver, ya que esperaban conseguir tierras, tal como les había prometido el rey Fernando. También iban esclavos negros. Únicamente fueron vetados, como era costumbre, los familiares de condenados por la Inquisición -aunque algunos se colaron- y, curiosamente, los abogados; en palabras del monarca: "Habéis de defender que no vayan a la dicha tierra ningun letrado que vaya a abogar ni procurador de causas..."

1-Hernando de Soto en un grabado dieciochesco de Juan Brunetti y José Maea (Wikimedia Commons) / 2-Estatua de Sebastián de Benalcázar en Cali, Colombia (Reg Natarajan e Wikimedia Commons) / 3-Diego de Almagro visto por el pintor decimonónico Domingo Mesa (Wikimedia Commons)

La tierra en cuestión era el Darién, que Vasco Núñez de Balboa había descrito exagerando sus riquezas ("se pesca el oro con redes"), hasta el punto de que ya en la península se la bautizó Castilla del Oro y se decidió de inmediato colonizarla al margen de la potestad que Diego Colón tenía en las islas del Caribe. Balboa también quedó postergado y, sabiéndolo, intentó encontrar antes ese lugar de profusión aurífera con el que había  fantaseado, iniciando una tremenda aventura por densas selvas llenas de miríadas de mosquitos, fieras salvajes y tribus belicosas, a las que se enfrentó con espadas, arcabuces y una jauría de fieros perros de guerra. La culminó con el descubrimiento del Mar del Sur, es decir, el Océano Pacífico, que contempló desde un altozano junto a sus ayudantes (entre ellos Francisco Pizarro). Era septiembre de 1513 y, efectivamente, él y sus hombres regresaron cargados de oro y perlas.

Pero, tal como esperaba, el capitán general y gobernador fue Pedrarias de Ávila, veterano militar de ascendencia conversa que había sido doncel de Enrique IV y contino de los Reyes Católicos, destacando en la Guerra de Granada y en las que vinieron luego contra Portugal y Francia, así como en la toma de Orán y Bugía. Sus heroicas intervenciones personales le hicieron ganarse el grado de coronel y, junto con una inusitada destreza en los torneos, el apodo de el Justador. Conseguir la mano de la poderosa Isabel de Bobadilla, camarera y amiga de la reina Isabel (había un dicho popular: "Después de la reina de Castilla, la Bobadilla"), le valió también el de el Galán.

Antiguo grabado de Pedrarias de Ávila

A Pedrarias se le encomendó esclavizar a los caribes, respetar a los otros indios, no permitir juegos de naipes y reservar el quinto real. La redacción de un requerimiento para leer a los indígenas resultó difícil y retrasó la partida, que como decía al comienzo tuvo lugar en la primavera de 1514. Diez millones de maravedíes costó financiar el viaje, mas era tal la confianza que se tenía en aquella tierra de promisión que a su comandante se le asignó un sueldo de trescientos sesenta y seis maravedíes anuales. Se fletaron nueve carabelas (cuatro de ellas portuguesas), dos viejas naves de carga, cuatro bergantines y ocho pesqueros que sumaban un total de veintidós barcos, de los que catorce pertenecían a la Corona; enarbolaban el pendón de Castilla y un estandarte diseñado ad hoc para Pedrarias, aparte de otras enseñas religiosas.

Asimismo, según Carmen Mena García en su obra Sevilla y la Flota de Indias. La Gran Armada de Castilla del Oro 1513-1514, la documentación acredita que llevaban consigo cuarenta arcabuces, dos falconetes, seis ribadoquines, unas doscientas espadas, quinientas picas, cincuenta lanzas, ochocientas medias lanzas, cincuenta mazas y doscientas dagas, además de setecientos treinta y dos cascos diversos y un millar de tablachines (broqueles de madera). La mayor parte lo suministraron proveedores malagueños, vascos, sevillanos y canarios por un precio total de seiscientos noventa mil maravedíes. Aparte, hubo que pagar treinta y cinco pipas de vino, dos barriles de miel, sesenta arrobas de vinagre, otras tantas de aceite y cargamentos diversos de ladrillos, medicamentos, etc. De ser cierta la historia que se cuenta, también habría un ataúd: el que Pedrarias llevaba consigo siempre desde que una vez fue dado erróneamente por muerto y despertó en su propio funeral.
 
El territorio de Castilla del Oro abarcaba desde el Golfo de Urabá hasta el límite de la Gobernación de Veragua. Las Grandes Antillas (Cuba, La Española, Jamaica y Puerto Rico) no formaban parte y eran dominio de Diego Colón (Santos30 en Wikimedia Commons)

Bajo la dirección del piloto Juan Serrano, quien luego viajaría con Magallanes, el 12 de junio arribaron a Santa Marta (actual Colombia), previa escala en las Antillas. Allí, en plena playa, se leyó por primera vez un requerimiento del que, lógicamente, los indios no entendieron nada, ni en forma (pese a que la lectura la hizo una indígena culturizada), ni en fondo: "Vos ruego e requiero que entendáis bien esto que vos he dicho [una introducción sobre Dios y la autoridad papal] e reconozcáis a la Iglesia por señora e superiora del universo, e al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre; e al Rey y la Reina, en su lugar, como señores superiores e reyes destas Islas e Tierra Firme..."

Nada más acabar, los indios atacaron y fueron repelidos. Se reanudó el viaje y tras algunas vicisitudes por una tormenta, llegaron a su destino dieciocho días más tarde. Era Santa María la Antigua de Darién, donde vivían algo más de medio millar de españoles -con el triple de nativos como criados- bajo la autoridad de Núñez de Balboa, que había conseguido prosperidad para su gente y tranquilidad entre la población indígena. A pesar de ello, urbanísticamente aún era un sitio precario, a base de chozas, de las que además apenas había unas doscientas, insuficientes para albergar a los recién llegados, que tuvieron que alojarse con los vecinos. Eso provocó los primeros roces, agravados cuando los consejeros de Balboa tuvieron que ceder sus cargos a los recién llegados mientras a él se le sometía al preceptivo juicio de residencia. 

Pedrarias combatiendo a los indios del Darién en una xilografía decimonónica

Ese hacinamiento favoreció una epidemia de modorra (posiblemente la enfermedad de Chagas) que se cobró setecientas vidas; el propio Pedrarias quedó inválido, seguramente de gota, aunque padecía ya antes de un inidentificado "mal de Yjada" y luego sumaría una hemiplejia. La situación empeoró cuando un incendió destruyó el almacén de provisiones y los nuevos colonos trataron de subsanarlo saqueando a los indios, con lo que se estropeó la aceptable relación que había hasta entonces. La aparición de una plaga de langostas fue la guinda para convencer a muchos de regresar a España, caso de Fernández de Oviedo; otros, como Bernal Díaz, Vázquez de Tapia o Montejo, prefirieron irse a Cuba y más tarde se enrolarían en la hueste de Cortés. Y, mientras tanto, la Corona ordenó a Balboa supeditar su autoridad a la de Pedrarias, quien envió numerosas entradas (incursiones) a la caza de esclavos: Luis Carrillo, Juan de Zorita, Francisco Pizarro, Francisco de Dávila y Juan de Ayora se emplearon con tanta brutalidad (sobre todo el último) que pusieron en pie de guerra a una región que hasta entonces había colaborado mas o menos en paz.

Balboa fue condenado en su proceso y tuvo que pagar una multa que le arruinó. Entonces escribió una carta al rey en la que denunciaba el trato dispensado a los indios y criticaba la gestión de Pedrarias por permitirlo y autorizar la venta de esclavos. El gobernador, efectivamente, seguía organizando razias, una de las cuales, la que capitaneó Gaspar de Morales a la isla de Terarequi, con Pizarro de segundo, sirvió para dos cosas: hallar una extraordinaria perla de treinta y un quilates que fue bautizada como la Peregrina (y que posteriormente tendría una rocambolesca historia en Europa) y oir hablar por primera vez de un lugar muy rico más al sur al que llamaban Perú. Otras cacerías humanas corrieron a cargo de Gonzalo de Badajoz, Luis de Mercado...

Retrato anónimo dieciochesco de Núñez de Balboa (Wikiemdia Commons)


Balboa y Pedrarias también lideraron personalmente sendas expediciones. La del primero fracasó y él mismo resultó herido de gravedad. La del otro tenía como doble objetivo la búsqueda de Gabriel Becerra, un conquistador desaparecido por el entorno del Golfo de Urabá, y el castigo a esa región sublevada. Pedrarias enfermó gravemente y tuvo que regresar, encargando la misión a Lope de Olano, quien logró capturar dos mil esclavos... antes de morir con todos su hombres en una emboscada. El relevo lo tomó Gaspar de Espinosa, el juez que llevó el proceso a Balboa, que avanzó por la selva a sangre y fuego vengando a los caídos hasta alcanzar Acla, una población fundada precisamente por Balboa. De hecho, también gobernada, pues estaba allí en persona.

Y es que había decidido emprender otra expedición con su propia gente, lo que irritó a Pedrarias, quien mandó arrestarle. Para solucionar la rivalidad, se pactó el matrimonio de Balboa con una hija de su superior; era por poderes, ya que ella estaba en España, pero el acuerdo facilitó la distensión por el momento y el nuevo marido pudo partir hacia la Mar del Sur, fundando Acla por el camino. Auténtica base de operaciones, desde allí partiría en agosto de 1517 acompañado de algunos célebres nombres como Hernando de Soto o Pascual de Andagoya; junto con otros los tres habían fundado la Compañía de la Mar del Sur. Navegaron por la costa con una flotilla construida ad hoc, aspirando a fundar otra colonia lejos de la influencia de Pedrarias. 

Francisco Pizarro en un retrato del artista decimonónico Amable Paul-Coutan (Wikimedia Commons)


Pero no hizo falta. En España Fernández de Oviedo denunció los excesos del gobernador y se cursó su sustitución por Lope de Sosa, que llevaba el gobierno de Gran Canaria. Enterado, Balboa no regresó a Antigua en espera de su llegada, lo que Pedrarias interpretó como insubordinación y envió a Pizarro a apresarlo. En el consiguiente juicio se le declaró culpable de varios cargos -algunos anteriores a la etapa de Pedrarias y bastante discutibles- y terminó ejecutado junto a varios ayudantes. Ya con las manos libres, Pedrarias decidió trasladar el asentamiento a otro lugar que había encontrado y consideraba mejor: así fue cómo nació, el 15 de noviembre de 1519, Panamá. Se procedió al reparto de indios y continuaron las expediciones. Entretanto, López de Sosa llegó al Darién justo para morir en el puerto de una enfermedad, lo que desató rumores de asesinato.

En julio de 1520 desembarcó en La Antigua Fernández de Oviedo, sin saber todavía de ese óbito. Enemigo de Pedrarias, se aupó al liderazgo de los opositores y sufrió por ello un atentado, así que optó por poner océano de por medio. Pedrarias seguía al mando pero, sabiendo de la mala opinión que había sobre él en España, envió a su mujer para interceder por él en la corte, donde ella era aún recordada. Como además se presentó bien provista de oro y perlas, no tuvo mayor problema en que se confirmase en el cargo a su marido en septiembre de ese año.  No obstante, el cúmulo de irregularidades hizo que terminase relevado en 1526.

Territorio aproximado de la provincia de Nicaragua conferida a Pedrarias de Ávila (Rodtico21 en Wikimedia Commons)

Se podría considerar tal fecha como la de punto y final de la ambiciosa expedición, aunque a Pedrarias, pese a su delicada salud, todavía le quedaba cuerda. Apartado de Castilla del Oro, logró ser gobernador de Nicaragua entre 1527 y 1531, tras la oportuna muerte de su descubridor, González Dávila, y la ejecución de Hernández de Córdoba, el hombre al que había enviado para fundar enclaves que le sirvieran para reclamar la gobernación y al que acusó de traición. Pedrarias falleció en marzo de ese último año, dejando acreditado para la posteridad por qué a lo largo de su vida se había ganado los apodos de el Galán, el Justador y Furor Domini.

BIBLIOGRAFÍA:
-MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro: Décadas de Orbe Novo
-FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo: Historia general y natural de las Indias.
-MENA GARCÍA, Carmen: Sevilla y la Flota de Indias. La Gran Armada de Castilla del Oro 1513-1514.
-MENA GARCÍA, Carmen: Pedrarias Dávila o la Ira de Dios. Una historia olvidada.
-MAÑUECO BARANDA, Tello: Diccionario del Nuevo Mundo. Todos los conquistadores
-THOMAS, HUGH: El Imperio Español. De Colón a Magallanes.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La brutal ejecución de Anneken Hendriks con pólvora en la boca (1571)

El naufragio de la nao Santa María y el trágico final del primer asentamiento español en América

La armadura Mühlberg de Carlos V