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Himnos y medallas: la propaganda británica en torno al asedio de Cartagena de Indias (1741)

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Como es sabido, cuando el almirante Edward Vernon inició su ataque a Cartagena de Indias en la primavera de 1741, despachó la corbeta Spencer a Gran Bretaña informando de su victoria. La daba por segura debido a la enorme superioridad numérica con que contaba, pues había llevado a cabo dos incursiones previas de tanteo exactamente un año antes. Pero tuvo un amargo despertar de ese sueño: entre la escasez de provisiones, una epidemia de vómito negro y la tenaz resistencia española -a pesar de los desacuerdos tácticos entre sus adversarios. el virrey Sebastián de Eslava y el comandante general Blas de Lezo-, la flota británica tuvo que renunciar y levar anclas después de dos meses de asedio, dejando atrás miles de muertos (de cuatro mil a once mil, según la fuente). Sin embargo, Vernon no regresó directamente sino que intentó resarcirse desembarcando en Guantánamo, con la estratégica idea de apoderarse de Santiago y bloquear así el llamado Paso de los Vientos, entre las islas de Cuba…

Apelando a la estaca: el brutal linchamiento del Cura de Tamajón

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Ay, le lé, que toma que toma,Ay le lé que daca que daca,ya no bastan las razones, apelemos a la estaca.Estos versos resumen, en una atinada combinación de comedia y tragedia, el ambiente que se respiraba en España a mediados del Trienio Liberal. Un período cuyas esperanzas se fueron disolviendo en una febril sucesión de enfrentamientos, conspiraciones, asonadas y, en suma, crispación creciente. Todo terminó por eclosionar en un tremendo episodio, ocurrido el 4 de mayo de 1821, que supuso uno de los golpes más fuertes que el régimen se autopropinó para desmoronarse no mucho después: el brutal linchamiento del Cura de Tamajón.
En 1820, habiendo triunfado el pronunciamiento del teniente coronel Rafael del Riego, se implantaba en España el liberalismo por primera vez (al margen de los dos años de vigencia de la Constitución de 1812, cuyo contexto de invasión y guerra impedía desarrollar una labor política). La propia forma de producirse el cambio es un indicativo claro de la precariedad d…

El desastre de la Gran Armada ante los portugueses en Guinea

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Hernando del Pulgar fue secretario del rey Enrique IV, cargo al que sumó el de consejero de estado cuando la hermana del monarca, Isabel, le sucedió en el trono. Después se le designó embajador en Roma y París, antes de retirarse de la corte en 1479 para, dos años más tarde, ser nombrado cronista real. Fruto de ese última ocupación fue su obra Chronica de los muy altos y esclarecidos Reyes Cahtólicos don Fernando y Doña Ysabel, un relato excepcional sobre aquel reinado para el que, obviamente, contó con información de primera mano. Es Del Pulgar quien reseña la organización en 1478, por orden del rey Fernando, de la llamada Gran Armada, que debía acompañar a la que se dirigía a la conquista de Gran Canaria para, una vez en el archipiélago, continuar rumbo sudeste, hacia la costa atlántica africana, con la misión de atacar intereses portugueses.


El contexto era la Guerra de Sucesión que se desató por la Corona de Castilla entre Isabel y su presunta hermana, Juana la Beltraneja, la prime…

La muerte de Felipe II

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Tal día como hoy, un 13 de septiembre pero del año 1598, fallecía en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial Felipe II, rey de España, Nápoles, Sicilia, Portugal y las Indias, entre otros territorios que incluyeron Flandes, Inglaterra e Irlanda (en éstos iure uxoris, es decir, por el derecho de su esposa), de ahí que se dijera aquello de que "en sus dominios no se ponía el sol". Rubio, de ojos grises, estatura media y un carácter reservado que lo mismo le hacía ganarse el apodo de Rey Prudente (originado por no lanzarse sobre París tras su victoria en San Quintín) que confundirse con una personalidad fría y severa (algo desmentido por su correspondencia personal), era un trabajador incansable, empeñado en ocuparse personalmente de todos los asuntos del gobierno asumiendo una responsabilidad que le abrumaba. También poseía una vasta cultura que trató de legar a su hijo y sucesor, facilitándole los mejores maestros de la época. Sin embargo, nunca gozó de buena salud y la…

El libro de teología encontrado dentro de un pez (1626)

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Estaba a punto de empezar el verano de 1626 cuando una pescadera inglesa que estaba rajando el vientre de un bacalao en su pescadería de Cambridge encontró algo inaudito dentro del estómago del animal: un pequeño manuscrito envuelto en un pedazo de tela. Ese envoltorio correspondía a una vela de barco, lo suficientemente gruesa, por tanto, como para haber protegido aceptablemente su sorprendente contenido.
La cosa fue tan sonada que el libro se publicó al año siguiente en Londres con el muy apropiado título de Vox piscis (La voz del pez) y un prefacio de Thomas Goad, arzobispo de Canterbury, quien no perdió ocasión de establecer un paralelismo con la historia bíblica de Jonás y la ballena para advertir del peligro que, en su opinión, constituía la implantación en Inglaterra del arminianismo. Era ésta una doctrina religiosa fundada por el teólogo neerlandés Jacobo Arminio (Jacob Harmenszoon) que impugnaba la doctrina calvinista de la predestinación en favor de una salvación por medio de…