La sentencia de Pilato contra Jesús conservada en el Archivo General de Simancas
El traslado (copia) es una hoja de 65,5 x 42,7 cm., pero el original, escrito en latín con caracteres hebraicos, estaba sobre carta pecora (pergamino) y fue encontrado entre las ruinas de un templo romano después de un temblor de tierra que sacudió la zona (es una zona de alta sismicidad, como se recordará por el terremoto de 2009), hallándose dentro de una doble caja, de hierro la exterior, de marfil la interior.
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| El Reino de Nápoles. L'Aquila está en el norte, en los Abruzos (Wikimedia Commons) |
Al monarca se le hizo llegar la susodicha transcripción, quizá porque era conocida su afición al coleccionismo de libros y antigüedades, quizá porque así se esperaba que aportase fondos para arreglar los daños causados por el seísmo o quizá porque las autoridades napolitanas querían demostrarle lealtad, pues la ciudad siempre se había mostrado reticente a aceptar el dominio hispánico. O puede que por todo a la vez.
Evidentemente, era una falsificación. Ninguno de los cuatro evangelistas menciona una sentencia escrita -aunque pudo haberla- y únicamente coinciden en algunos elementos comunes, como el interrogatorio de Pilato a Jesús, el intento del procurador de quitarse de encima un problema que consideraba de juridicción judía -por eso lo remitió primero a Herodes Antipas- y la oferta para elegir entre el reo y Barrabás.
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| Felipe II retratado por Sofonisba Anguissola (Wikimedia Commons |
Pese a ello, el documento está datado explícitamente el 25 de marzo del año 33 y reseña otras fechas cronológicas con la finalidad de subrayar su historicidad, caso del 17º año del reinado de Tiberio (el 33º en el calendario actual), el 73º del Imperio Romano, el 121º de los juegos Olímpicos, el 24º de la Ilíada o el 4187º de la creación según el calendario judío.
El estilo parece indicar que su autor fue un humanista o alguien con buena formación, quizá un clérigo o un anticuario, aunque no por ello haya que adjudicarle mala fe, ya que abundaban las falsificaciones que no buscaban estafar en sentido estricto sino que se encargaban también por otros motivos, como enaltecer un linaje o intentar cubrir la escasez de testimonios documentales romanos sobre la figura de Jesucristo.
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| Ecce homo, obra de Antonio Ciseri (Wikimedia Commons). |
En cualquier caso, la pretendida Sententia Pilati imita la cognitio extra ordinem de la época recurriendo a una estructura muy definida: primero invocatio y data, tomando el modelo del Evangelio de Lucas; segundo juridicción, aunque erróneamente basada en el derecho renacentista; tercero accusatio, centrando el delito en la sedición sin aludir a la blasfemia; cuarto enumeración de testigos participantes, siguiendo los evangelios canónicos; y finalmente condemnatio, con el fallo de Pilato.
Incluye argumentos legales y declaraciones de testigos, así como las firmas de varios miembros del Sanedrín y hasta de los representantes de cada tribu de Israel. Curiosamente, todos estos elementos, con los que se pretendía de dotar de mayor verosimilitud al documento, son la mejor prueba de su impostura, ya que esas rúbricas no sólo resultaban innecesarias sino que eran ilegales desde el punto de vista del derecho romano. Tampoco faltan los anacronismos, como la expresión «idonei testimonii» (testigos idóneos), que no se usaba en el siglo I sino que es posterior, bajomedieval.
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| Anverso de la copia enviada a Felipe II |
Ésos argumentos en contra fueron adoptados por el prestigioso jurista napolitano Camilo Borelli, que en 1588 publicó un trabajo desacreditando el texto de forma terminante. De hecho, nunca se le concedió credibilidad al documento, circulando numerosas copias y estudios que demostraban el fraude, a menudo firmadas por religiosos.
Pese a todo, se difundió pronto; el mismo año de su llegada a España ya se publicaban copias y transcripciones en Italia y, al siguiente, hubo una edición anónima en Lyon traducida al francés y en la que figuraba un grabado representando el lugar del hallazgo del original. A veces se le intentaba dar un barniz legitimador, propagando, por ejemplo, que se había descubierto en Vienne (Francia), ciudad donde la tradición sitúa el exilio y suicidio de Pilato.
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| Reverso del documento |
Por ese carácter de reliquia fraudulenta, algo que el Concilio de Trento había empezado a perseguir, el papa Inocencio XI terminó por incluirla en su Index Librorum Prohibitorum (Índice de libros prohibidos) en 1734... lo que no impidió que siguiera atrayendo a curiosos y eruditos que lo analizaban y traducían; uno de ellos fue el dominico Domingo Valentín Guerra, obispo de Segovia, en 1756. También pervivió en ámbitos populares: es el caso de las procesiones de Semana Santa, durante las cuales se leía públicamente la sentencia.
La Sententia Pilati todavía fue objeto de estudio, en fechas tan recientes como 1956 y 2017, por parte del teólogo Aurelio de Santos Otero y el profesor Vincenzo Lavenia respectivamente. No es de extrañar que sea uno de los documentos más consultados del Archivo General de Simancas (Sección de Estado, legajo 847). Además, en el Archivo Municipal de Reus hay otra copia que, como se ha señalado, es leída públicamente cada Miércoles Santo.
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| Transcripción de la sentencia (Ayuntamiento de Reus) |
MÁS INFORMACIÓN:
-La sentencia de Pilato en Simancas (Archivo General de Simancas).
-Copia en italiano de la sentencia de Poncio Pilato contra Jesucristo (Archivo General de Simancas en PARES, Portal de Archivos Españoles).
-La sentencia de Pilato (en La Biblia Universal).
Imagen de cabecera:Cristo ante Pilato, obra de Mihály Munkácsy (Wikimedia Commons)







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