Poder de las Mujeres, la inversión de los roles de sexo plasmada en el arte
El Libro de Judit, del Antiguo Testamento bíblico, cuenta cómo una joven hebrea seduce y emborracha al general asirio Holofernes para, aprovechando su sueño, decapitarlo y salvar así a la ciudad de Betulia de una invasión. Una legión de pintores nos ha dejado su versión artística de ese episodio, desde Botticelli a Klimt, pasando por Cranach, Miguel Ángel, Mantegna, Caravaggio, Gentilleschi, Tiziano, Goya y muchos más que se cuentan por docenas. ¿A qué se debe esa reiteración con el tema? Pues obedece a una corriente conceptual que se inició en el Medievo pero eclosionó en el Renacimiento; lo que en su original germano se conoce como weibermacht, el poder de las mujeres.
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| Judit decapitando a Holofernes, obra de Caravaggio (Wikimedia Commons) |
Se trata de un fenómeno sociocultural especialmente arraigado en el norte de Europa y consistente en mostrar episodios históricos de la Antigüedad o de las Sagradas Escrituras en los que un personaje femenino se impone a sus oponente masculino, dominándolo y a veces incluso ridiculizándolo. Esta guerra artística de sexos, que invierte los roles jerárquicos tradicionales, tuvo sus orígenes en el ámbito puramente literario de la Edad Media, apareciendo reflejada en obras como los Cuentos de Canterbury de Chaucer, la Roman de la rose de Lorris y Meung o la Consolación de la filosofía de Boecio, entre otras.
| Sansón y Dalila. Pintura de J. H van de Horst (Wikimedia Commons) |
Experimentó un cambio a finales del siglo XIV, coincidiendo con la publicación de otros textos de tono apologético en los que se ensalzaba a la mujer y que tuvieron gran difusión al originar un debate acerca de la naturaleza, afinidades y diferencias entre ambos sexos, así como qué normas debían regir sus relaciones. Una consecuencia de ello fue el surgimiento de una reacción contraria a esa reivindicación de las mujeres, pasando a burlarse de ellas y a advertir del peligro que suponían para los hombres.
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| Salomé con la cabeza de Juan el Bautista. Pintura de Bernardino Luini (Wikimedia Commons) |
Sin embargo, no se trataba tanto de una muestra de prejuicios machistas como de una confrontación de ideas enfrentadas sobre los roles respectivos, algo que ya había adelantado en el siglo XV la poetisa y filósofa Christine de Pizan, considerada la gran precursora del feminismo. En su Querella de las mujeres -una reivindicación de la mujer frente a su subordinación social-, la autora advierte a los lectores de que una escritora haría una interpretación de esa cuestión muy diferente a la de sus colegas masculinos.
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| Cristine de Pizan escribiendo su Querelle des femmes en una ilustración medieval (Wikimedia Commons) |
Esa nueva visión tuvo su reflejo sobre todo en las artes plásticas, que empezaron a poblarse de escenas en las que la fémina era protagonista pero siempre estableciendo una relación de dominación sobre su contraparte, que a menudo, es un héroe clásico, un patriarca, un sabio o, en suma, un hombre respetable. Las representaciones se contextualizan a menudo en algún episodio bíblico o histórico, razón por la que se encuentran representaciones tan frecuentes como la mencionada de Judit y Holofernes, Dalila cortando el pelo a Sansón, Adán tentado por Eva, el general cananeo Sísara asesinado a manos de Yael, José acosado por la esposa de su dueño Putifar, etc.
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| Yael y Sísara. Pintura de Artemisia Gentileschi (Wikimedia Commons) |
Como se ve, a menudo se trata de escenas que implican algún acto de violencia o imposición hacia el varón: Betsabé, esposa de Urías, se baña a la vista del rey David; la princesa fenicia Jezabel convence a su marido, el monarca judío Acab, para promover la idolatría; el héroe griego Heracles debe servir como esclavo y con ropas femeninas a la reina lidia Onfalia; Salomé pide a Herodes la cabeza de Juan el Bautista tras fascinarlo bailando para él; las dos hijas de Lot, creyendo que son las últimas personas vivas del mundo tras la destrucción de Sodoma y Gomorra, emborrachan a si padre y conciben hijos con él para preservar su estirpe...
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| Lot y sus hijas. Obra de Hendrick Goltzius (Wikimedia Commons) |
No todos los casos proceden de la Biblia. También los hay ajenos: Aristóteles aconseja a Alejandro que no se deje dominar por la cortesana Filis pero él mismo cae y deja que ella monte a caballo sobre él; una mujer engaña a Virgilio y lo ridiculiza dejándolo una noche en una cesta colgando de una torre; la reina escita Tomiris derrota al persa Ciro el Grande y profana su cadáver... En realidad las representaciones van más allá de personajes conocidos para adentrarse en el anonimato de mujeres despachadas desde una perspectiva amenazadora: esposas humillando por la fuerza a sus maridos, brujas, alcahuetas...
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| Virgilio en la cesta. Xilografía de Lucas van Leyden (Wikimedia Commons) |
El tono suele ser de burla, caricaturesco, hasta el punto de que la versión conyugal constituye una especie de subgrupo conocido como «gobierno de mujeres» o, más jocosamente, «batalla por los pantalones» (porque suele plasmarse en un grupo de ellas arrebatándole esa prenda a un hombre). Es algo circunscrito al ámbito doméstico: la mujer ya no se impone sólo por su atractivo físico o sus engaños sino también por el poder que ejerce en todo lo relativo al gobierno del hogar; el dominum mulierum formulado por San Agustín.
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| Pelea por los pantalones. Obra de Luigi Baccio del Bianco (Wikimedia Commons) |
Otro subgrupo sería el de las féminas que escapan a su destino suicidándose. Es el caso de la patricia Lucrecia, que quiso salvar su virtus romana tras ser violada por Sexto Tarquinio. O el de la princesa púnica Dido, que al ver partir a su amado, el héroe troyano eneas, e mató con su espada y luego se inmoló en una pira funeraria. O el de Susana, cuando estuvo a punto de ser condenada por negarse a aceptar el chantaje sexual de dos jueces ancianos durante el exilio hebreo en Babilonia, según narra el Libro de Daniel.
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| La muerte de Dido. Obra de Joseph Stallaert (Wikimedia Commons) |
La weibermacht no sólo se reflejó en literatura y pintura; también en escultura y sobre todo en grabados, ya que éstos permitían desarrollar series temáticas y su difusión en forma de panfletos, algo muy extendido en la Europa protestante. Otra opción que se conoce era en las artes escénicas, a menudo en su variante tableaux vivants (o sea, interpretación de actores inmóviles, generalmente recreando cuadros), si bien esto es algo más bien posterior, muy típicos del siglo XIX.
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| La esposa enfadada. Grabado renacentista de Ishrael van Meckenem (Wikimedia Commons) |
BIBLIOGRAFÍA:
-SMITH, Susan Louise: The Power of Women: A 'Topos' in Medieval Art and Literature.
-BOITANI, Piero y TORTI, Anna: The body and the soul in medieval literature.
-MORET TEVAR, Mariano: El Poder de las Mujeres. Ecos del Wiebermacht en la Colección Mariano Moret.
Foto de cabecera: aguamanil neerlandés de bronce, datado en el siglo XV, con la forma de Aristóteles montado por Filis. Se conserva en el Metropolitan Museum of Art (Wikimedia Commons)










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