La trepidante vida del marino Pedro Fernández Cabrón

 


El 27 de agosto de 1478, el rey Fernando I de Aragón concedió un perdón real al marino gaditano Pedro Fernández Cabrón por mediar en el conflicto entre el duque de Medina Sidonia y el marqués de Cádiz. Era la entrada en la Historia de un personaje desconocido hasta esa fecha, uno de aquellos curiosos hombres y mujeres que caracterizaron los comienzos de la Edad Moderna hispana, en el reinado de los Reyes Católicos.

Fernández (o Hernández) Cabrón, descrito por el historiador Pablo Antón Solé como "genovés de raza y, a lo que parece, portuense de origen inmediato", procedía efectivamente de familia genovesa y participó en las guerras en las que se habían enzarzado las casas nobiliarias Medina Sidonia y Ponce de León desde 1473 -aunque con orígenes una década antes-, ejerciendo de corsario junto a otros capitanes. Con dos de ellos, Juan Sánchez de Cádiz y Juan Suazo, atacó a la flota aragonesa que Fernando I había enviado a Sanlúcar con el objetivo de recuperar Cádiz para la Corona de Castilla, pues estaba en poder de los Ponce de León. 

 

Estas dos páginas, junto con la de cabecera, forman el documento de perdón del rey Fernando a Pedro Fernández Cabrón (Archivo General de Simancas)

La habilidad demostrada en esa contienda sirvió para que los reyes le concedieran el citado perdón y le ofrecieran tomar parte en la conquista realenga de Canarias, dados los conflictos que la Corona había tenido con las familias Peraza y Rejón. La campaña, dirigida por Alonso de Palencia (cronista oficial de la reina Isabel desde 1475) y Diego de Merlo (comisionado real), estaba al mando operativo de Juan de Frías, obispo de la diócesis canaria, junto al capitán Juan Rejón y el propio Fernández Cabrón -al que Alonso llama Pedro Caper en su obra-.

El 24 de agosto de 1479, los cuatro barcos fletados ad hoc desembarcaron -probablemente en Arguineguín- una exigua tropa de cuatrocientos hombres, que avanzó sin aparente oposición hacia Tirajana cuando retornaba con el botín del saqueo a los poblados cayó en una emboscada de los aborígenes. Fue la batalla de San Bartolomé (Gran Canaria), en la que, quizá en una playa que hoy lleva el nombre del protagonista (en Agüimes), el impacto de una piedra destrozó la mandíbula de Fernández Cabrón -los nativos eran hábiles honderos-, obligándole a regresar a la península: "Salió Pedro Hernández con una pedrada en la cabeza, y quedó sin algunos dientes y la boca torcida, que no pudo hablar ni comer. Bino renegando de los canarios, de la conquista de tales fieras", narra Tomás Arias Marín de Cubas en su obra Historia de las siete islas de Canarias (en la que, por cierto, equivoca su apellido trocándolo por Cimbrón). 

 

Juan Rejón y Pedro de Vera. Imagen 1: Wolfgang Sauber en Wikimedia Commons/Imagen 2: dominio público en Wikimedia Commons

Como compensación se le nombró Capitán de la Mar, cargo similar al de almirante que tuvo oportunidad de estrenar en 1480, cuando pasó a Nápoles y donde, ante la inexperiencia del almirante Francisco Enríquez, tomó de facto el mando de la flota de veinticinco galeras destinada a defender la ciudad de los ataques otomanos. Era un escenario muy diferente al canario, más a la medida de su destreza naval, por lo que cumplió la misión con éxito. Ello le facultó para participar en otra expedición ese otoño: la de Juan Sánchez de Cádiz, organizada por el rey Alfonso V de Portugal al norte de África para tomar Azamor, una ciudad atlántica estratégica para el comercio especiero. El litoral africano siguió siendo su escenario aquel año y los siguientes. 

Junto a Alonso de Quintanilla, contador mayor real y tesorero de la Santa Hermandad, se unió a Pedro de Vera, alcalde de Arcos de la Frontera que había sido nombrado por los reyes gobernador de Gran Canaria, para completar la conquista de la isla, tras la destitución de Juan Rejón por una disputa de éste con Diego García de Herrera, señor del archipiélago (llamado a la corte para explicarse, Rejón fue restituido en su cargo y retornó para unirse a la campaña, aunque de nuevo tuvo problemas y terminó expulsado. Los reyes le indultaron y enviaron a conquistar La Palma y Tenerife... donde acabó asesinado por los Peraza, otros antiguos enemigos).

 

Ratificación del concierto que se hizo con Alonso de Quintanilla, contador mayor, y Pedro Fernández Cabrón, capitán de barco, para la conquista de Canarias (Archivo General de Simancas en PARES)

Las operaciones finalizaron con éxito en mayo de 1481, si bien una rebelión por el apresamiento de aborígenes para venderlos como esclavos obligó a prolongar la acción dos años más. Después, Vera se enfrascó en ayudar a Peraza el Joven en la represión de una insurrección en La Gomera, mientras Alonso de Quintanilla, con dificultades, trataba de recuperar la cuantiosa inversión que había realizado trescientos mil maravedís a medias con Vera, para lo cual la Corona le eximió por diez años del quinto real en botines, mercancías y esclavos. En similar situación estaba Fernández Cabrón, que había aportado a la sociedad la misma cantidad que ellos dos juntos.

En 1486, confirmado en su oficio de Capitán de la Mar, encabezó una expedición comercial a Salé, ciudad vecina de Rabat, transportando mercancías diversas. El marqués de Cádiz, que fue quien fletó aquel viaje, le contrató también para una incursión en Madeira, en el contexto de la rivalidad armada con Portugal, además de financiarle periódicos asaltos a barcos musulmanes en el litoral atlántico africano.

Asimismo, Fernández Cabrón colaboró en el sitio de Málaga de 1487, operación que seguía a la toma de Fuengirola por parte de Galcerans de Requesens y en la que tomaron parte otros marinos destacados como el pirata Antón Bernalte. Aquel asedio, que constituyó la penúltima etapa de la guerra contra el reino nazarí de Granada, fue el más largo de la Reconquista, duró seis meses y resultó turbulento: durante ese tiempo, la reina Isabel sufrió un atentado y su marido lo vengó luego ejecutando a los defensores y esclavizando a la población. 

 

Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos, obra de José Moreno Carbonero (Wikimedia Commons)

En 1490, siendo alcalde de Rota, protagonizó algunos de los episodios más turbulentos de su biografía, que entroncaban con su antigua ocupación, al apropiarse del cargamento de una nao flamenca que encalló en aquella costa aprovechando que la tripulación la había puesto a salvo en la playa; o dejando escapar, pese a la exhortación de la justicia, al maestre roteño de una carabela fletada en Canarias que zarpó sin el dueño de la mercancía.

Sus últimas acciones conocidas llegaron en 1492, apenas unos meses después de terminar la guerra y haber caído Granada en manos cristianas, cuando la Corona decretó la expulsión de los judíos. A Fernández Cabrón le encargó el rabino converso Abraham Senior organizar una flota de dos docenas de naves que debían trasladar a Orán a los hebreos andaluces que no quisieran convertirse, donde se les unirían los procedentes de Portugal. Pero los pasajeros no quisieron desembarcar en la ciudad y Cabrón, que tuvo un desacuerdo económico con su socio, el corsario genovés Fregozzo, los obligó a bajar a tierra en Arcila. 

Expulsión de los judíos de Sevilla, obra de Joaquín Turina y Areal (Wikimedia Commons)
 

Así, los aproximadamente ocho mil desterrados se quedaron a medio camino: unos, en la mencionada ciudad norterafricana, donde les saquearon los musulmanes; otros tuvieron que regresar a Málaga y Cartagena por una tormenta, perdiendo lo pagado y debiendo hacer un segundo gasto para salir. En cualquier caso, doble tragedia para quienes sufrieron primero la deportación y luego el despojo. La tradición, imposible de verificar, dice que ése es el origen del uso de la palabra "cabrón" como insulto o término despectivo.

Dos años más tarde, el Capitán de la Mar se incorporó al ejército real para participar en la defensa y abastecimiento del Rosellón, sitiado por el francés Carlos VIII en el contexto de la primera guerra italiana contra Fernando el Católico Aragón en reivindicación de su candidatura al trono napolitano. Durante esa campaña, Fernández Cabrón debió de fallecer porque un documento fechado en mayo de 1496 nombra a Juancho de Urrutia como su sustituto en el cargo y no vuelve a haber noticias de él. Según el historiador Hipólito Sancho de Sopranis, dejó un hijo que llevó su mismo nombre e intervino en la última fase de la conquista de Canarias.


BIBLIOGRAFÍA:

-FORNELL FERNÁNDEZ, Francisco Javier: Linajes gaditanos en la Baja Edad Media. Breve estudio de la oligarquía local (siglos XIII-XIV).

-ARIAS MARÍN DE CUBAS, Tomás: Historia de las siete islas de Canarias.

- CAMBIASSO Y VERDES, Nicolás María: Memorias para la biografía y para la bibliografía de la isla de Cádiz.

-ANTÓN SOLÉ, Pablo: Historia medieval de Cádiz y su provincia a través de sus castillos.

-SANCHO DE SOPRANIS, Hipólito: Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1259 hasta el año 1800.

-ÁLVAREZ DE TOLEDO, Luisa: La V conquista de Canarias (en África vs. América-FC Archivo Medina Sidonia).

-ÁLVAREZ DE TOLEDO, Luisa: La cabalgada de Pedro de Vera (en África vs. América-FC Archivo Medina Sidonia).

-Wikipedia

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