Dionisio de Alcedo Herrera, el meticuloso administrador de las Indias

 


Ésta de la imagen es la Concepción y la Bien Aparecida, fragata en la que Dionisio de Alcedo Herrera viajó desde los reinos de Perú, Tierra Firme y Chile a España en 1724. La ilustración, que se halla en muy buen estado, está elaborada en tinta negra y acuarelada en verde, rojo y amarillo; no está hecha a escala, pero forma parte del Diario Derrotero de su navegación, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional.

Alcedo, nacido en Madrid en 1690, en el seno de una familia noble (sus padres fueron Matías Alcedo y Herrera y Clara Teresa Ugarte), recibió una esmerada educación, pese a no contar con formación universitaria, Su especialidad fue la contabilidad, en la que se inició profesionalmente en 1705 como tesorero de Santa Cruzada del Arzobispado de Sevilla y del Obispado de Cádiz. Su buen hacer le valió ser recomendado al marqués del Castell dos Rius, que acababa de ser nombrado virrey de Perú y lo llevó consigo. Unas fiebres le impidieron trabajar e hicieron aconsejable su regreso, pero la flota en que se embarcó fue capturada por el almirante inglés Charles Wager en 1708 y él, herido en el combate, acabó recluido en Jamaica. Liberado tras un canje de prisioneros, determinó volver al Perú por tierra, encontrándose con que las fiebres habían matado al marqués y le había sucedido el obispo Diego Ladrón de Guevara. 

La flota de Charles Wager atacando Cartagena de Indias en 1708, obra de Samuel Scott (Wikimedia Commons)
 

Se puso a su servicio, empezando así su intensa carrera en el virreinato. Fue, sucesivamente, secretario de Cartas, ordenador del Tribunal Mayor de Cuentas de la Ciudad de los Reyes (Lima), corregidor de la provincia de Canta y diputado de Comercio. Al acceder a este último cargo, en 1723, viajó a España para informar al rey Felipe V sobre el comercio americano, así como del restablecimiento de las armadas de galeones y de los asientos, aduanas y almojarifazgo. Durante la travesía transatlántica, la fragata -la de la imagen del comienzo- tuvo que repeler un ataque inglés y Alcedo se distinguió en la protección de una arqueta con alhajas que se llevaba a la reina, lo que le valdría ser distinguido como encomendero de fardel de la Orden de Santiago.

Con sus informes se constituyó una junta de trabajo compuesta por él mismo más cuatro ministros del Consejo de Castilla, cuatro del Consejo de Indias y otros tantos del Consejo de Hacienda; todos bajo la presidencia de José Patiño Rosales, el intendente general de Marina que había renovado la Armada española y ahora ocupaba la Secretaría de Estado y Despacho Universal. Esa junta trato de establecer medidas para mejorar el comercio, de modo que se beneficiasen tanto la Corona como los mercaderes de la Carrera de Indias.

Mapa del cartógrafo galés Emanuel Bowen mostrando el Perú a mediados del siglo XVIII (Wikimedia Commons)
 

Alcedo regresó a América en 1728 con dos novedades. La primera, haber cambiado su estado civil, ya que en España había contraído matrimonio con la sevillana María Luisa de Bejarano Saavedra, dieciséis años más joven, con la que tendría siete hijos (aunque sólo sobrevivieron tres). La segunda fue el nuevo puesto con que le recompensó el rey; triple, pues iba a ser presidente de la recién restaurada Real Audiencia de Quito gobernador y capitán general, cosa poco común en alguien que no era togado. En cualquier caso, en el ejercicio de sus funciones, facilitó cuanto pudo la famosa expedición científica francesa que dirigía Charles-Marie de La Condamine para medir el meridiano terrestre y demostrar que la Tierra es una esfera achatada, empresa en la que participaron también los marinos españoles Antonio de Ulloa y Jorge Juan. 

No fue un mandato fácil, el de Alcedo, pues el empobrecimiento de Quito por las malas cosechas había llevado a algunos españoles a arrebatar tierras a los indígenas de Pomallacta y éstos se rebelaron en 1730, siendo muy costosa la pacificación. Al descontento indio se unió el de los criollos, gravados por los impuestos y la obligación de enviar un considerable situado a Cartagena para su defensa en un momento de crisis como aquél (el Real Situado era una partida de dinero que se mandaba de un territorio a otro para ayudarlo a afrontar sus gastos de defensa en situaciones bélicas). 

Plano de la ciudad de Quito en 1734, conservado en el Archivo General de Indias (PARES)
 

Asimismo, se produjeron una revuelta de negros cimarrones en el valle de Patía y un conflicto entre órdenes religiosas por haber amparado una a unos ladrones que asesinaron a un canónigo de otra, lo que había derivado en disturbios populares. Una ambiciosa política de obras públicas -no siempre consumada a causa de la escasez de fondos- y el enfrentamiento con su sucesor en la presidencia de la Real Audiencia, José de Araujo y Río, por el intento de éste de hacerse con el control económico además del político, fue la guinda de aquella etapa tan incómoda como fructífera. 

Alcedo dejó el cargo en 1736 y viajó a España, vía Cartagena de Indias, para ocupar otro en el Consejo de Indias, pero cuatro años más tarde recibió uno nuevo, capitán general de Tierra Firme, al que siguió el de gobernador de Panamá en 1743, obtenido como premio por su defensa de la ciudad ante el ataque del almirante Vernon en el contexto de la Guerra del Asiento. Procedió a reconstruir las destruidas defensas de Portobelo y a perseguir el contrabando, que campaba a sus anchas y se había apoderado de Natá, de donde lo terminó por eliminar. En 1744 también tuvo que hacer frente a una nueva incursión inglesa, esta vez menor, capitaneada por William Kinghills y, al año siguiente, expulsar a los británicos que estaban construyendo un fuerte en la boca del río Coclé.

 

Mapa del Virreinato de Nueva Granada, también llamado de Santafé o del Reino Nuevo de Granada, en 1742 (Wikimedia Commons)

Sin embargo, la dura persecución a que sometió a los contrabandistas le hizo chocar con los oidores, que mantenían buena relación con ellos porque facilitaban la llegada de bastimentos. Acusado de irregularidades en su gestión, una sentencia por el incidente con Araujo le obligó a regresar a España en 1749. Terminó exculpado, aunque para ello hubo de esperar catorce años el fallo de la justicia. Entonces se dedicó a escribir (media docena de ensayos de carácter geográfico, político e histórico sobre América destaca ) y a ayudar a su hijo, el célebre historiador y geógrafo Antonio de Alcedo, en la preparación de sus obras; fue el vástago quien elaboró una biografía de su progenitor en su Bibliotheca Americana

Falleció en 1777, en una situación económica personal bastante apurada.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 -ALCEDO Y HERRERA, Dionisio de: Piraterías y agresiones de los ingleses y de otros pueblos de Europa en la américa española desde el siglo XVI al XVIII.

-LUCENA SALMORAL, Manuel: Dionisio Alcedo y Herrera (en Diccionario Biográfico de RAH, Real Academia de la Historia).

-BURGOS LEJONAGOITIA, Guillermo: Gobernar las Indias. Venalidad y méritos en la provisión de cargos americanos, 1701-1746

-RUIGÓMEZ GÓMEZ, Carmen: Las acusaciones contra José de Araujo, presidente de la Audiencia de Quito, por permitir juegos prohibidos en su casa (1737-1747) (en NÚÑEZ ROLDÁN, Francisco: Ocio y vida cotidiana en el mundo hispánico en la Edad Moderna).

-ANDRIEN, Kenneth J: The Kingdom of Quito, 1690-1830. The state and regional development.

Imagen de cabecera: fragata Concepción y la Bien aparecida, ilustración conservada en el Archivo Histórico Nacional (PARES).

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