Edicto de la Inquisición de México contra medio centenar de publicaciones diversas
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A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, con el cambio de
mentalidad que se impuso, la Inquisición fue suavizando y
reorientando su actuación, pasando a ser utilizada por el poder
civil, regalista y absoluto, para sus fines políticos. Ya no había celo en la persecución de
judaizantes, ni obsesión por impedir la entrada del luteranismo, celebrándose el último auto de fe en 1781 y quemándose únicamente a cuatro reos entre los reinados
de Carlos III y Carlos IV. Los inquisidores
seguían atentos contra la herejía, pero la mayor parte de su trabajo
se centraba en la censura de publicaciones, fundamentalmente contra
las ideas ilustradas (sobre todo desde la Revolución Francesa),
aunque a menudo chocaba con la censura civil en el desarrollo de sus
competencias.
En 1808 el rey José I
abolió el Santo Oficio, que dejó de existir hasta 1814 porque las
Cortes de Cádiz hicieron otro tanto el año anterior tras duras deliberaciones, aunque Fernando VII la restableció al regresar a España y derogar la Constitución. Sin embargo, el tribunal continuó ejerciendo su labor en los
territorios de ultramar, lejos de la capacidad ejecutiva del hermano de Napoleón. El documento adjunto es un curioso ejemplo.
Se trata de un
edicto de la Inquisición de México (Virreinato de Nueva España) por el que se prohíben
cincuenta y cinco obras, la mayor parte de carácter teológico o
escritas en francés, aunque también las hay en español y de otra temática.
Entre las que se vetan incluso a aquellos que tienen licencia para leer libros proscritos,
figuran la famosa The history of the decline and fall of the Roman Empire (La historia de la decadencia y caída del Imperio
Romano), de Edward Gibbon, "por contener doctrinas heréticas,
impías, injuriosas a la Religión Católica". También Voyage
dans le Boudoir de Paulina, por "contener
proposiciones amatorias, obscenas, inductivas ad libidem...", razones similares a las que condenan la anónima La merectrice inglese" y Les serails de Londres, esta última descrita como "escuela de libertinage".
Entre las proscritas
ad totum están las Jornadas que hizo la Santísima Virgen María desde
Nazaret á Belen,"contraria á la augusta magestad de
nuestra sagrada Religión y á la gravedad de sus prácticas devotas,
por los ridículos epítetos que en ella se dan en las oraciones
diarias". Otra es Contes philosophiques, et moraux, de Nicolás Bricaire de la Dixmerie, rechazada "por estar sembrada de máximas corrompidas, destructoras de las buenas costumbres, y contener proposiciones injuriosas á la Religion, y anti-monárquicas".
Tienen especial interés la comedia del célebre dramaturgo Vicente Rodríguez de Arellano El negro, y la blanca, recusada "por ser revolucionaria, y preparar en su fondo mucha ruina en lo civil, politico, y moral", y el melodrama manuscrito, El negro sensible, que promueve "con capciosidad la insurrección de los esclavos
contra sus legítimos dueños".
Finalmente, el
último apartado es para las obras que deben expurgarse, o sea,
retocarse eliminando frases o párrafos concretos. Las razones son
diversas, a veces por haber "yerros de imprenta", en otras
ocasioens por reseñar datos apócrifos, algunas por mero puntillismo
conceptual (por ejemplo, sustituir la palabra "infinitamente"
por "extremadamente") y otras para acentuar el tono contra
la invasión napoleónica, como en el Catecismo Civil ("A la
pregunta ¿quienes son los franceses: añadase opresores de la
España?").
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