La caracola de la caballería
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En las cargas frontales de la época, el arma se disparaba dándole la vuelta, con la culata hacia afuera, para evitar que el fogonazo tan cerca de los ojos del caballo asustara al animal y le hiciera detenerse. Así lo suelen mostrar las pinturas de cargas de la época (imagen anterior), aunque en la caracola no era tan necesario ese gesto -y, por tanto, tampoco tan habitual- por el giro final que se hacía a la izquierda, como veremos.
El
ataque se realizaba por líneas, adelantándose la primera (con un
número variable de integrantes, entre uno y dos centenares) del
escuadrón para cabalgar al trote hasta situarse a diez o veinte
metros del enemigo y hacer fuego con las pistolas. Entonces esa línea
giraba a la izquierda y volvía a su formación, dejando el testigo a
la segunda que venía detrás, y luego ésta a la tercera y así
sucesivamente. No obstante, la caracola presentaba cuatro variantes denominadas simple, auténtica, limaçon y protestante, las dos primeras efectuadas por filas y las otras dos en columna (de una en una y en grupo, respectivamente).
De esta forma, la caballería se movía formando un dinámico círculo centrípeto. A pesar de su escasa efectividad, al requerir acercarse demasiado al adversario debido al limitado alcance efectivo de las pistolas, la caracola se practicó dirante mucho tiempo. En el siglo XVII, el rey sueco Gustavo Adolfo II, un revolucionario de la táctica, introdujo la novedad de que las dos primeras líneas hicieran fuego pero, en vez de girar, continuaran la carga hacia delante desenvainando sus sables para aprovechar el efecto causado por los disparos. El resto del escuadrón también cargaba a continuación espada en mano, ya sin disparar. Sin embargo, en la batalla de Nördlingen no le sirvió contra los Tercios porque éstos resistieron las bajas sin descomponer sus formaciones.
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La imagen de la caracola en el campo de batalla fue reflejada muy claramente por el artista holandés Sebastian Vrankx, un especialista en la pintura bélica, como se muestra en la imagen de cabecera. La siguiente es un cuadro de Jan Martszen de Jonge, en el que se aprecia la peculiar forma de coger la pistola para el disparo. La tercera es un grabado de la época, firmado por Herman Hugo, mostrando cómo se ponía en práctica la caracola. En la última, una ilustración de Mikel Olazábal sobre la mencionada batalla de Nördlingen, se ve a la caballería sueca haciendo una caracola ante el tercio napolitano del maestre de campo Gasparo Toralto.
BIBLIOGRAFÍA:
-ALBI DE LA CUESTA, Julio: De Pavía a Rocroi. Los Tercios españoles.
-GUTHRIE, William: Batallas de la Guerra de los Treinta Años.
-PAKER, Geoffrey: El ejército de Flandes y el Camino Español, 1567-1659.
-QUATREFAGES, René: Los Tercios.
-CLARAMUNT SOTO, Álex: Tácticas de infantería en los siglos XVI y XVII. La Guerra de Flandes y las Guerras de Religión francesas.




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