Cadenas defensivas para el cierre portuario

 


Antaño era frecuente que, tanto en tiempos de guerra como de paz, se cerrase el acceso fluvial o marítimo a los puertos importantes con gruesas cadenas, bloqueando la rada de extremo a extremo y subiéndose/bajándose mediante un cabrestante. A medida que el tamaño de los barcos fue aumentando, también lo hicieron los eslabones, llegando a alcanzar tamaños impresionantes.

Ello dio lugar a algunos célebres episodios bélicos en los que embarcaciones atacantes lograron romper esas férreas defensas -nunca mejor dicho- y obtener la victoria. Quizá el más famoso sea el de Constantinopla, cuya cadena vetaba el paso al estuario del Cuerno de Oro, desde el puerto hasta Pera (actual Beyoglu), y que el sultán Mehmet tuvo que salvar trasladando sus naves por tierra, mediante una improvisada calzada de troncos. Ocurrió en 1453 y facilitó la toma de la capital bizantina, lo que suele considerarse el paso de la Edad Media a la Moderna.

 

Otro de los episodios de referencia fue el ocurrido cuando una flota de Frisia y otra de Génova rompieron la cadena que defendía la sitiada ciudad de Damietta en 1218, durante la Quinta Cruzada. En la imagen anterior vemos la acción pintada en el siglo XVII por el artista Cornelis Claesz van Wierengen, con las acronías típicas.

Probablemente la cadena más famosa de nuestra Historia haya sido la que, combinada con un puente de barcas, protegía la Sevilla musulmana del asedio a que la sometía el rey Fernando III de Castilla y que fue rota por una flota que, reunida en lo que hoy es Cantabria y formada por marinos de todo el norte, derrotó a la enemiga y remontó el Guadalquivir, superando el obstáculo y permitiendo la toma de la ciudad. Así lo mostraba un antiguo cromo de los años cincuenta del siglo XX.


 

También habría que recordar la que se tendió en 1702 para cerra la entrada a la ensenada de San Simón, en la ría de Vigo, amenazada por la escuadra anglo-neerlandesa de los almirantes Rooke y Van Almonde, que trataban de apoderarse de los tesoros que traía la Flota de Indias capitaneada por Velasco y Tejada. Los navíos españoles y su escolta francesa buscaron refugio en el puerto, protegidos por las baterías costeras y una cadena que cerraba el paso, insuficiente para evitar la derrota en lo que se conoce como batalla de Rande (aunque el tesoro se salvó enviándolo a Madrid por tierra antes de las hostilidades). El cuadro que vemos a continuación, anónimo, muestra el momento en que los barcos ingleses rompen la cadena de la ría.

 


Sin embargo, la costumbre de usar aquellas enormes -aunque sencillos- sistemas de bloqueo no se terminó con la Edad Media y tanto en la Moderna como en buena parte de la Contemporánea siguieron utilizándose, tal cual o en distintas versiones (barreras, redes y minas submarinas) que en inglés se denominan genéricamente boom. De algunas todavía quedan restos; en el puerto de La Rochelle, por ejemplo, sigue en pie un torreón llamado Tour à Chaînes (Torre de la Cadena) por razones obvias. 

A continuación, añado otros casos de distintas nacionalidades reflejados documentalmente.

 


En primer lugar, sobre estas líneas, hay un plano, conservado en el Archivo General de Indias, que muestra la entrada al puerto de La Habana en torno al año 1567, con el cubo y la fortaleza que cerraban el acceso enlazados por una cadena y las medidas correspondientes. Se acompaña, a continuación, de un grabado coloreado holandés del mismo lugar realizado en el siglo XVII.

 


El segundo documento es otro plano, esta vez de la ciudad fortificada de Bayona, Francia, dibujado por un espía español en 1542 y conservado en el Archivo General de Simancas. Se aprecian las cadenas que se empleaban para cerrar el acceso al río Nive.

 

La última imagen corresponde al puerto de Marsella en 1631, donde consta que la cadena se empleaba ya en el Medievo. Precisamente de época medieval se conservan aún hoy dos grandes trozos, que miden cincuenta y nueve y setenta metros respectivamente, junto con el virote gigante que disparó para romperlos un ballestero valenciano a las órdenes de Romeu de Corbera, almirante barcelonés de la Armada Real de Aragón, que tomaba parte en el asedio a la ciudad dispuesto en 1423 por el rey Alfonso V el Magnánimo. Se exhiben en la capilla del Santo Cáliz (antigua aula capitular) de la Catedral de Valencia, tal como se ve en la foto de cabecera.

 

Foto cabecera: Robert Valette en Wikimedia Commons

Foto Damietta: Wikimedia Commons

Foto Rande: Wikimedia Commons

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