Los españoles encuentran petróleo en las Indias

Bartolomé de Las Casas por Félix Parra
Quien haya visto esa gloria cinematográfica nacional que es la película Cristóbal Colón, de oficio... descubridor, a buen seguro recordará el número musical en el que Andrés Pajares -que interpreta al almirante- y sus habituales compañeros de reparto (Antonio Ozores, Juanito Navarro, Quique Camoiras...) celebran musicalmente la llegada al Nuevo Mundo. Cuando desembarcan y clavan el estandarte castellano en tierra "en nombre de España" y al inolvidable ritmo de Hemos descubierto América, se produce un temblor que precede al brote de petróleo. Pues, pásmese el lector: lo que parece un mero gag, con el humor chusco característico de los años setenta, se ajusta bastante a la realidad histórica y así lo corrobora el padre Bartolomé de las Casas.

El dominico sevillano es especialmente famoso por la Controversia de Valladolid, el debate que le enfrentó a Juan Ginés de Sepúlveda entre 1550 y 1551 por la defensa de los indígenas de América, que terminó sin resolución final pero que llevó al fraile a escribir al año siguiente su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Ahora bien, aparte de ése, cuya fama devora los demás, hizo otros muchos libros y uno de los más importantes es Historia de las Indias, cuyo manuscrito original se conserva en la Biblioteca Nacional. 


Portada de la edición original de la Brevísima (Wikimedia Commons)

Según cuenta él mismo, empezó a escribirla en Santo Domingo en 1527 -más de veinte años antes que la Brevísima- y le llevó tres décadas y media terminar los tres volúmenes de que se compone (aunque algunos expertos creen que debió haber un cuarto, hoy perdido, dado que el relato sólo llega hasta 1520 y se sabe que el autor tenía intención de llegar al menos hasta mediados del siglo XVI). La obra es una de las fuentes historiográficas fundamentales sobre el tema, no sólo por narrar los acontecimientos sino por acompañarlos de una rica descripción de la naturaleza y las civilizaciones de aquellas latitudes, completando lo que Bataillon y Saint-Lu definen como "un auténtico cuadro geográfico y humano".


Diego Velázquez de Cuéllar, conquistador de Cuba (Wikimedia Commons)

En su tercer volumen, cuenta cómo fue la conquista de las Antillas por Diego Velázquez, el mismo que luego nombraría a Hernán Cortés capitán general de la expedición que le haría entrar en la Historia. El propio fraile tomó parte en la campaña antillana y se ganó una segunda encomienda, pues tenía otra recibida por colaborar con Nicolás de Ovando en la toma de La Española, a las que posteriormente renunciaría. Pues bien, en el tramo final del capítulo 31 de la Historia de las Indias, titulado De lo que pasaba en Cuba entre españoles e indios, reseña algo tan inaudito como el hallazgo de hidrocarburo. Dice textualmente: 

Hallaron también por toda aquella costa del norte de Cuba, por La Habana en especial, mucha pez que la misma mar sobre las peñas y ribera echaba. No sabían de dónde viniese, o cómo la mar la criase, como en la verdad sea cierta especie de betumen o de pez, no de pinos, pero pez verdadera, o que sirve de lo que la verdadera; hasta que después se pobló un pueblo de españoles en el puerto que nombraron del Príncipe; allí se halló y la hay mina o fuente de ella que se saca a pedazos dura, y creo que a veces debe manar líquida o derretida, por ventura, que el sol la derrite, porque la que se ve por la costa, mas es algo líquida que dura o espesa; mezclándola con mucho sebo o aceite sirve de lo mismo que la pez de pinos y brea para los navíos.

Los españoles llamaban pez a la brea, un tipo de alquitrán destilado y bituminoso, procedente de determinadas maderas, que se empleaba en Europa desde la Antigüedad para calafatear los cascos de los barcos (o sea, rellenar las junturas para evitar que entrase agua). En América también había una sustancia similar pero natural, más similar al asfalto o al betún de Judea que manan por sí solos. Era y es muy abundante, con grandes lagos -sobre todo en las costas de México y Venezuela-, dándosele el nombre de chapapotli; en principio, parece ser un vocablo nahuátl, aunque hay quien le asigna etimología caribe o maya. 


La Brea Pitch Lake, en Trinidad y Tobago (Grueslayer en Wikimedia Commons)

El término se importó a España y enraizó en algunas regiones como Galicia (en otras se adoptó el galicismo galipote), generalizándose desde 2002 a causa del hundimiento del buque Prestige y la marea negra que generó. Sin embargo, ya lo mencionaba Fray Bernardino de Sahagún en su obra Historia general de las cosas de Nueva España, ese auténtico tratado etnográfico sobre el centro de México que escribió entre 1540 y 1585 y se conoce también como Códice Florentino. Dice así:  


El chapapotli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla, que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí, con las ondas, y estos ciertos y señalados días, conforme al creciente de la luna; viene ancha y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la orilla los que moran junto al mar. Este chapapotli es oloroso y preciado entre las mujeres, y cuando se echa en el fuego su olor se derrama lejos.

Olmecas y mexicas lo empleaban en mútiples funciones, desde adhesivo a combustible para las antorchas, pasando por incensario, pintura o diversos usos terapeúticos (por ejemplo, al calentarlo se volvía pastoso y se aplicaba a las lesiones como calmante); curiosamente, servía para blanquear los dientes y los mayas hasta lo mascaban como si de chicle se tratase.

En fin, no me resisto a acompañar este episodio con el número musical de la citada película. Seguro, segurísimo, que el guionista (lo hay, en efecto, y todo un dramaturgo nada menos: Juan José Alonso Millán) se había leído la Historia de las Indias cuando concibió la escena: 




BIBLIOGRAFÍA:
-SAHAGÚN, Bernardino de: Historia general de las cosas de Nueva España.
-LAS CASAS, Bartolomé de: Historia de las Indias.
-VALDÉS BERNAL, Sergio: Observaciones en torno al origen asignado a determinados vocablos de procedencia indoamericana en la última edición del DRAE (2001).
-ORTIZ, Fernando: Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar.


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