Los duros castigos que sufrían los niños aztecas



El aforismo "la letra con sangre entra" es de origen europeo pero se trata de un concepto universal que han aplicado prácticamente todos los pueblos. Hoy es diferente y se prima el refuerzo positivo sobre el punitivo pero, a lo largo de toda la historia, los niños se han formado siguiendo sistemas muy severos, en los que el castigo físico jugaba un papel fundamental; un papel que se consideraba necesario para obtener resultados y garantizar comportamiento y respeto. Es decir, se basaba en una reacción por temor

La educación en el mundo mexica y mesoamericano en general no era menos inflexible y el Códice Mendoza, por ejemplo, ha dejado testimonio de los castigos que se aplicaban para corregir a quienes no tenían el comportamiento adecuado. El códice, escrito pictógráficamente por tlacuilos (escribas indígenas) con inserción de páginas y pies de imagen alfabéticos hechos por españoles, se hizo en la década de los cuarenta del siglo XVI (en tiempos del virrey Antonio de Mendoza, de ahí su nombre) y es fundamental para conocer la vida cotidiana nahua, incluyendo lo relativo a la pedagogía de los jóvenes. Asimismo, el Códice Florentino (título por el que también es conocida la Historia general de las cosas de Nueva España, del fraile Bernardino de Sahagún) se ocupa de ese tema en su apéndice al libro III.

Padre y madre amenazando con azotes a hijo e hija respectivamente (Códice Mendoza)

Era algo que empezaba desde la primera infancia, pues cuando los más pequeños eran demasiado insistentes en sus lloros se les ponían hierbas de sabor desagradable en la boca.Algunos métodos reflejaban una mentalidad tan distinta y particular que en la actualidad nos resultan un tanto extraños, como el dejar al niño a la intemperie, atado a un árbol o sobre tierra mojada toda la noche; otros son más clásicos, caso de los azotes, que podían aplicarse con la mano, con una vara o, a veces, con ortigas. Los pellizcos fuertes eran una variante.

Mentir se penaba pinchándole la lengua al responsable con espinas de magüey, algo que se extendía a brazos y piernas si el niño robaba o se revolvía contra sus padres; se puede apreciar en la primera imagen que ilustra el artículo. Y el considerado castigo más duro, para casos ya extremos, consistía en obligarle a respirar el humo que producían chiles quemados, algo que provocaba un tremendo picor en los ojos y garganta.


Padre castigando a su hijo con chiles quemados; la madre amenaza a su hija con lo mismo

Más allá del plano meramente físico, estaba el psicológico. Fuera del ámbito familiar, los maestros de los telpochcalli (escuelas para los hijos de las clases populares; los de los nobles iban a los calmécacs sacerdotales, cada uno de los cuales estaba adscrito a un diospodían sancionar a los perezosos humillándoles al cortarles el mechón de cabello que marcaba su paso de la infancia a la pubertad y les autorizaba a estar presentes en las batallas como mozos de carga. Para las chicas tampoco había mayor vergüenza que ser obligadas a barrer; pero no la casa (o no sólo), pues al fin y al cabo entraría dentro de sus funciones, sino hacerlo la calle, públicamente 
Finalmente, ante los incorregibles, a los padres desesperados sólo les quedaba una medida radical y dramática: vender al niño como tlatlacotin, es decir, esclavo, generalmente a un conocido para el que debía trabajar. Si con éste tampoco enderezaba su comportamiento podía ser revendido a un tercero o incluso enviado a un templo para su sacrificio. En esa línea, un joven que se emborrachase era apaleado hasta la muerte (ahorcado si se trataba de un tlazopilli, alguien de alcurnia), pena superior a la que recibían los adultos (a quienes se rapaba la cabeza, demolía la casa y privaba de sus derechos ciudadanos).


Chico atado a la intemperie y chica obligada a barrer

La educación infantil propiamente dicha empezaba a partir de los tres años de edad. A los cuatro, los niños ya debían saber hacer algunas tareas domésticas en función de su sexo, desde acarrear agua para ellos a tomar el primer contacto con aguja e hilo para ellas. Una forma de ir iniciándose en el aprendizaje del oficio paterno o de las labores domésticas femeninas. El citado Códice Mendoza muestra las tortillas a que tenían derecho en cada caso si cumplían adecuadamente, del mismo modo que se puede apreciar la evolución en la vestimenta a medida que van creciendo. 

Esa progresión por edad servía también para los castigos. Amenazar con espinas de magüey se hacía a niños y niñas por igual a partir de los ocho años. Al siguiente, ya empezaban a aplicarse, aunque a ellas sólo en las muñecas, como se ve en la imagen de cabecera. A los diez se incorporaban los azotes y a los once el humo de chile, si bien el códice parece distinguir entre sexos en ese caso, pues sólo lo muestra para varones, mientras que las chicas únicamente son advertidas por sus madres. Cosa lógica, puesto que la educación era diferenciada y las chicas eran enseñadas en casa por sus madres y hermanas. El peculiar castigo de la tierra mojada, que en ellas se convertía en pasarse la noche barriendo, era a partir de los once años. 


Vestuario, alimento y funciones de niños (izquierda) y niñas (derecha) desde los tres a los seis años

Todo esto sólo constituía, en realidad, un pilar más de un proceso educativo de por sí bastante duro, que incluía levantarse con la primera luz del día, tomar un baño de agua helada y desayunar frugalmente, además de empezar a hacer penitencia periódica por razones religiosas, más allá de las correctivas. Una formación del ciudadano a la espartana, en cierto sentido.

BIBLIOGRAFÍA: 
LEÓN-PORTILLA, Miguel: Niñez y juventud entre los nahuas (en Arqueología Mexicana).
-VELA, Enrique: La educación de los niños (en Arqueología Mexicana).
-VELA, Enrique: Las escuelas (en Arqueología Mexicana).
-KOBAYASHI, José María: La educación como conquista.
-LÓPEZ AUSTIN, Alfredo, Educación mexica. Antología de textos sahaguntinos.
-JACOBO-MARÍN, Daniel: Delitos y castigos de la sociedad azteca.
-FACSÍMIL DIGITAL DEL CÓDICE MENDOZA (en Polemología Mexicana).



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