Indulgencia plenaria a los religiosos que pasen a Indias para evangelizar
Este documento, conservado en el Archivo General de Indias, es un breve de Pío V concediendo indulgencia plenaria a los religiosos que pasen a Indias a predicar y enseñar el Evangelio. Está datado en el año 1568.
El breve apostólico, también llamado pontificio (littera apostolica in forma brevis, en nombre oficial), era un tipo documental muy simple, sin preámbulo y centrado en un único tema (de ahí su nombre) que los papas escribían en letra humanística sobre vitela rectangular (a partir del siglo XVI en papel y más legible) y sellaban en cera roja con su anillo. El documento se doblaba varias veces hasta formar una especie de paquete, con el sello en una cara y la dirección en la otra, constituyendo una alternativa a otras tipologías más desarrolladas como las encíclicas o las bulas.
![]() |
Pío V retratado por El Greco |
Aunque no había uniformidad en sentido estricto, lo normal era que el breve se encabezase con el nombre del prelado, seguido de la dirección en tres posibles fórmulas: "venerabilis frater" (para los obispos), "carissime et Christo fili noster" (para los reyes) y "dialecti fili" (los demás casos). Continuaba con el saludo (el más frecuente, "salutem et apostolicam benditionem" pero extraordinariamente se empleaba "ad futuram rei memoriam"), pasando al cuerpo del breve estructurándolo en tres claras partes: exposición, disposición y cláusulas. El protocolo final consistía en la fecha (originalmente la del Anno Domini pero en versión Natividad, es decir, tomando como principio de año el 25 de diciembre, y posteriormente como en la actualidad), año de pontificado y lugar de expedición.
Por supuesto, el Papa no escribía personalmente; de eso se encargaban los minutanti, que trabajaban a las órdenes de un cardenal que ejercía el cargo de Secretario de Escritos. De hecho, ni siquiera los firmaba y en su lugar lo hacía dicho cargo (hoy sólo lo hace en los importantes; el resto los rubrica un canciller), si bien al final, como decíamos antes, sellaba la cera roja con su anillo.
Eugenio IV empezó a hacer breves de forma regular en el siglo XV, aunque parece que fue Urbano VI quien implantó el modelo (el más antiguo conservado es de 1390). La razón por la que Eugenio recurrió tanto a ellos estaba en la necesidad de publicar mandamenta, documentos que requerían cierta prisa, algo que reflejaba su enérgico carácter y la tormentosa repercusión que ello tuvo durante su mandato (por ejemplo, sus trifulcas en Constanza para imponer su autoridad sobre la del concilio le llevaron a un intento de linchamiento del que tuvo que huir por el Tíber para refugiarse en Florencia). A veces se emitía un breve por esa razón y luego, ya con más calma, se hacía la bula correspondiente, como pasó con la dispensa firmada por Julio II para que el rey inglés Enrique VIII pudiera casarse con la viuda de su hermano, Catalina de Aragón.
Por supuesto, el Papa no escribía personalmente; de eso se encargaban los minutanti, que trabajaban a las órdenes de un cardenal que ejercía el cargo de Secretario de Escritos. De hecho, ni siquiera los firmaba y en su lugar lo hacía dicho cargo (hoy sólo lo hace en los importantes; el resto los rubrica un canciller), si bien al final, como decíamos antes, sellaba la cera roja con su anillo.
![]() |
Eugenio IV |
Precisamente Julio II,mediante la bula Universalis Ecclesiae (1508), concedió a la monarquía española el derecho de patronato y presentación de aquellos religiosos que considerasen apropiados para ocupar los obispados y beneficios eclesiásticos de la Iglesia indiana. La atención espiritual en el Nuevo Mundo empezó a partir del segundo viaje de Colón en virtud del compromiso alcanzado por los Reyes Católicos con el papa Alejandro VI por las bulas concedidas (enajenamiento de los diezmos eclesiásticos recaudados en América a cambio de construir y dotar iglesias).
Tras una primera etapa evangelizadora no muy exitosa por la lógica incapacidad que para ello tenían soldados y marineros, la misión fue asumida por las órdenes religiosas, que poco a poco, y a pesar de fuertes rivalidades entre regulares y seglares, fueron enviando representantes al otro lado del océano. Los primeros en llegar fueron los franciscanos y mercedarios, en 1493; luego se les fueron uniendo dominicos (1510), agustinos (1532) y jesuitas (1566). Con estímulos como el del breve adjunto, a finales del siglo XVI las zonas de población indígena ya habían alcanzado un nivel considerable de doctrina.
-BENNASSAR, Bartolomé: La américa española y la américa portuguesa (siglos XVI-XVIII).
-KONETZKE, Richard: América Latina. La época colonial.
-MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Mª del Carmen, y SOBALER SECO, Mª de los Ángeles: El Imperio Hispánico.
-VVAA: Paleografía y diplomática.
Excelente artículo, que me ha sorprendido por su concisión y rigor.
ResponderEliminar