Perdón para un homicida a las órdenes del Gran Capitán


En el año 1500, la firma del Tratado Chambord-Granada entre Fernando II de Aragón y Luis XII de Francia para repartirse el Reino de Nápoles dejó las manos libres al primero para atender la petición de ayuda que lanzó la República Serenísima de Venecia, una de cuyas ciudades en Grecia, Modona (en Mesenia, Peloponeso), estaba siendo atacada por los otomanos.
Así pues, se organizó una flota de sesenta barcos y ocho mil hombres de infantería y caballería para acudir en su auxilio. El mando recayó en Gonzalo Fernández de Córdoba, quien acababa de ganarse el apodo de el Gran Capitán y el título de duque de Santángelo por su brillante campaña en Italia.
Fernando II de Aragón retratado por Michel Sittow
El contingente partió de Málaga, realizando una travesía bastante penosa por la escasez de agua, algo que produjo la muerte de muchos caballos y algunos hombres. Llegaron a Mesina, donde Fernández de Córdoba incorporó a dos millares de soldados de su campaña anterior y algunas naves más. Zarparon de nuevo y rompieron el asedio de Candía (actual Heraclíón, Creta), uniéndoseles la armada veneciana y dos grandes carracas francesas que llevaban ochocientos infantes a bordo.
Con estas fuerzas, los aliados pusieron sitio a Cefalonia, que cayó mes y medio después. Modonia no sería recuperada por Venecia hasta 1686, al igual que Candía volvería a ser amenazada por el imperio Otomano en 1648 en lo que se considera el asedio más largo de la Historia, veintiún años, que terminó con la caída de la plaza en poder del sultán en 1669. No obstante, por el momento aquella guerra se saldó como una gran victoria cristiana.
El sitio de Candía en un grabado de 1680
Resultó un tanto amarga, eso sí, porque de regreso a Sicilia se produjeron motines debido otra vez a las precarias condiciones del viaje. No obstante, a Fernández de Córdoba todavía le esperaba otra guerra en Italia contra los franceses, la que le haría pasar con letras de oro a la historia militar con los triunfos en 1502 de Ceriñola y Garellano, dejándole como virrey de facto en Nápoles.
El documento adjunto, conservado en el Archivo General de Simancas, está fechado poco después, el 16 de marzo de 1501, y explica que Gonzalo de Valdivieso, vecino precisamente de Simancas, recibe el perdón de la pena por homicidio a la que había sido condenado. Valdivieso fue uno de los veintidós homicianos que el Gran Capitán recluto para servir en aquella expedición a cambio de su redención.

Imagen cabecera: El Gran Capitán, por Augusto Ferrer-Dalmau

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